En Munchkin, cada jugador interpreta a un aventurero que recorre una mazmorra abriendo puertas para enfrentarse a monstruos, conseguir tesoros y subir de nivel. Durante la partida podés equiparte con armas, armaduras, pociones y objetos mágicos que aumentan tu fuerza, además de cambiar de raza o clase para obtener nuevas ventajas. El objetivo es simple: ser el primero en alcanzar el nivel 10.
Lo que hace especial a Munchkin es la interacción entre los jugadores. Cuando alguien parece estar por derrotar a un monstruo importante, los demás pueden jugar cartas para fortalecer al enemigo, lanzar maldiciones o interferir de distintas maneras para impedir su victoria. También es posible negociar, pedir ayuda en los combates e incluso traicionar a tus aliados en el momento justo. Con un humor que parodia los juegos de rol clásicos, muchísimas cartas diferentes y partidas donde nunca sabés qué locura va a aparecer, Munchkin se convirtió en uno de los grandes clásicos de los juegos de cartas modernos.






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