En Time Bomb, los jugadores se dividen en dos equipos ocultos: unos quieren desactivar la bomba y otros sabotear el proceso sin ser descubiertos. Cada jugador tiene cartas boca abajo que representan cables seguros o bombas, y en cada turno se elige a alguien para “cortar” uno de sus cables.
El problema es que no sabés quién está de tu lado. A medida que se revelan cartas, el grupo empieza a debatir, acusar y tratar de deducir quién está ayudando y quién está mintiendo. Si logran encontrar todos los cables seguros, ganan los buenos; si aparecen demasiadas bombas, ganan los saboteadores.
Es un juego de faroleo, lectura de personas y decisiones grupales, donde cada elección puede acercarte a la victoria… o hacer que todo explote. Las partidas son cortas, intensas y siempre dejan ganas de revancha, porque nadie confía en nadie después de la primera ronda.







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